Año XXXVIII - Nro. 12.428 - Miércoles 18 de Febrero de 2004

Floreo de llamas: Una ceremonia que no se puede perder

Hombres y mujeres de experiencia se preocupan de llevar a cabo el rito, de acuerdo a las más ancestrales costumbres.

Con un tradicional ritual, las comunidades indígenas de los pueblos que se encuentran al interior de Ollagüe, comienzan el reconocimiento de sus animales en la temporada estival.

Floreo, es el nombre de la actividad milenaria que se realiza en esta fecha, donde se reúne la familia dueña de las llamas a "marcar" a los camélidos, en un rito que combina llamativos colores, vino y un ritual que convoca a las fuerzas del más allá para la prosperidad de este nuevo año.

Dentro de una especie de corral, se junta la totalidad de llamas para su posterior floreo. En un ambiente cargado de mistisidad, los pastores y las numerosas visitas que asisten a la ceremonia comienzan la actividad con un vaso de vino servido por los dueños de casa.

Minutos más tarde, los hombres originarios proceden a elegir a tres llamas. Las amarran con un cordel que pasa por las patas traseras, el torso y las patas delanteras, impidiendo cualquier movimiento que el animal quiera realizar.

La mirada de las llamas denota un sobrecogedor miedo, pero quienes realizan esta actividad las calman con pasajeras caricias y la toman de las orejas para que no se desesperen.

Pasa la segunda ronda de vino, mientras las mujeres originarias se acercan a los inmovilizados camélidos para realizarles una especie de "piercing" que los deja realmente hermosos.

Con una aguja de saco y, evitando al máximo el dolor del animal, traspasan la oreja con una lana que en la parte del medio lleva un pompón de llamativos y bellos colores.

Entre cantos y plegarias, la operación se repite unas cuatro veces. Los colores elegidos para distinguir a cada uno de los animales de su rebaño, son escogidos dentro de un consenso entre toda la comunidad dueña de alguna manada de llamas.

Son cinco los colores que conforman el pompón, ordenados según la familia a la que pertenecen los hermosos camélidos.

 

LA TERCERA RONDA

En la tercera ronda de vino, las visitas son invitadas a desear las buenas nuevas para la cosecha y los animales. Para esto, se les entrega un puñado de hojas de coca que tienen que esparcir sobre una especie de culto que contiene diversos elementos originarios.

Paralelamente, y después de terminar con la operación "piercing", las mujeres indígenas comienzan a adornar a las llamas en el torso con lanillas de intensos colores que son amarradas con el pelaje del animal.

El ritual se vive en un escenario que combina la seriedad de una ceremonia y la calidez de una familia que acoge a quien desee ser partícipe de la ocasión.

La ceremonia termina sólo cuando el último animal a sido decorado, y mientras pasa la cuarta ronda de vino, los espectadores son invitados a un asado que da cuenta del final del rito.

Todo el contexto parece una perfecta fotografía de la National Geographic, combinando intensos colores, una cálida recepción y un exquisito vino que se presentan como una invitación que no se puede perder.

 

 

 

 

Volver
Suscripciones Clasifono Teléfonos Contactos